Esta contribución explora las posibilidades del dibujo como herramienta complementaria para la observación, como método de análisis y como forma de representación en la etnografía.

Leer, escribir y dibujar son parte de las cosas que la mayoría de los niños aprende a hacer a muy temprana edad. A mí me gustaba dibujar, especialmente retratos, pero dejé de dibujar cuando entré la universidad. Mi tiempo y esfuerzo lo tenía que dedicar a aprender a leer y escribir en una lengua extranjera, inglés, y además, en un registro que me era desconocido como lo era el académico. Volví a dibujar 20 años después, a propósito de una solicitud de mi supervisor de tesis de doctorado, quien seguramente había notado como garabateaba en mi cuaderno en alguna reunión. Había vuelto a Londres después de mi primer trabajo de campo en Santiago de Chile (marzo a julio del 2019) para documentar cómo la promesa del inglés – la idea de que aprendiendo inglés las personas lograrían ascender en la escala social –  era producida, cómo circulaba, y cómo era captada por profesoras y estudiantes de una universidad privada, y mi supervisor me preguntó sobre los datos que había recolectado. Yo no sabía cómo presentar esa cantidad de información, pensaba en el tiempo que tendría que pasar escribiendo un reporte. Él vio mi cara de preocupación y me pidió realizar un mapa mental “de esos con dibujos y cosas que te gusta hacer a ti.” En vez de hacer un mapa de conceptos, se me ocurrió hacer retratos de las personas con las que había interactuado para así poder observarlas más claramente. El sentarse por horas a realizar un retrato implica agudizar los sentidos, en particular la visión, pero además conlleva una reflexión profunda ya que, para retratar a esas personas, necesitaba pensar en quiénes eran, sus características físicas y psicológicas, cómo vestían, cómo hablaban, como interactuaban con el resto y las conversaciones que sostuvimos, lo que también implicaba realizar una selección de lo que me parecía relevante. Los retratos, por lo tanto, me permitieron realizar un primer análisis de mis datos y reestructurar mi trabajo: lo que había observado en realidad era más que la promesa del inglés, o la promesa de la educación, era la posibilidad que tenían los estudiantes, en su mayoría provenientes de contextos socio-económicos bajos, y las profesoras de imaginar un futuro distinto, con una mejor calidad de vida y mayor acceso a oportunidades. Esos dibujos me permitieron desarrollar mi capacidad de observación y transformar lo observado en un análisis visual que alentó mi escritura posterior. 

Un par de semanas después, mientras leía una etnografía sobre la precariedad de la vida de jóvenes en Irán (Khosravi 2017) llegué a un extracto donde el autor menciona que había tomado el consejo del pensador y artista victoriano John Ruskin sobre la práctica del dibujo para aprender a ver de mejor forma las sutilezas de la vida de aquellos jóvenes iraníes. “Yo también necesito aprender a ver” recuerdo haber pensado, así que leí algunas obras de Ruskin hasta que di con su libro “The elements of drawing” publicado en 1857. Para mi sorpresa, dicho libro contenía indicaciones que bien podrían servir a un etnógrafo, entre otras cosas, en cuanto a la necesidad de refinar la percepción hacia lo observado, siempre recordando que cualquier representación, en este caso a través del dibujo, no es más que una aproximación a la realidad. Para lograr esa aproximación, plantea Ruskin, se necesitará decidir sobre los aspectos que son relevantes, característicos de nuestro objeto de estudio y que dependen, en gran parte, de nuestra posición con respecto al objeto. Por otra parte, Ruskin hace hincapié en la importancia de poner atención a rasgos de poder: “El animal está en movimiento, el árbol en crecimiento, la nube en curso, la montaña en erosión. Siempre trate, cuando mire una forma, de ver las líneas en ella que han tenido poder sobre su destino pasado y tendrán poder sobre su futuro…” (Ruskin 1857:75, traducción propia).

Esta capacidad de observación es una práctica situada, que se enseña y que se aprende en un contexto en particular, y que, a la vez, nos guía para conocer el mundo, lo que Grasseni (2009) denomina la visión experta, y que es fundamental tanto para el trabajo del etnógrafo como para del artista. 

Mi segunda visita a mi sitio de investigación se produjo en el contexto de la pandemia por el coronavirus (marzo a julio del 2020), con la universidad funcionando en modalidad online y yo viviendo un confinamiento estricto. En mi primer mes de encierro contacté a varias de mis participantes a través de video-llamadas a la vez que trataba de buscar en la literatura existente alguna forma que me permitiera seguir recolectando datos. ¿Qué podía “observar” ahora? y ¿cómo? 

Otro corolario de la pandemia fue la imposibilidad de viajar al sur de Chile para conocer a mis sobrinos nietos nacidos cuando yo me encontraba en Londres. Me embarqué entonces en la tarea de dibujar a mis sobrinas con sus respectivos hijos, quizás buscando algo que me permitiera estar cerca de ellas. Con cada línea sobre el papel iban apareciendo distintas ideas sobre sus vidas y cómo habían llegado a convertirse en madres. Mis sobrinas, al igual que mis participantes, eran mujeres jóvenes, que no necesariamente tenían una situación económica estable, una pareja o siquiera planes de tener hijos, pero ahora concentraban sus esfuerzos en sacar adelante a sus niños. A través de los retratos las estaba observando. Con esta idea de usar los retratos para observar a mis participantes, comencé a dibujar sus rostros junto a sus hijos. Primero dibujé a Alicia, siempre sonriendo, haciendo chiste de todas las situaciones, con su piercing en la nariz y el flequillo en su cabello que me recordaban los tantos cambios de look que ha tenido y que siempre la hacen parecer más joven de lo que es. “Antes muerta que sencilla” me decía cuando se maquillaba en la sala de profesores antes de enfrentar a sus alumnos. Ya tiene algunas arrugas cerca de los ojos y sus ojeras denotan el cansancio extremo que ha sentido al tener que hacer clases desde su casa, a la vez que cuida de su pequeño hijo quien, a veces, la ha tenido que acompañar en zoom porque no hay nadie más que lo cuide o porque no se resiste a tener a su madre tan cerca y no ser el centro de su atención. Luego dibujé a Lucia con su actitud desafiante ante al mundo, con sus looks rockeros, los mismos que utiliza para vestir a su hijo. Lucía también está cansada. Me ha contado, llorando a veces, que se siente mala madre, que se encierra en una habitación para poder enseñar sus clases y sufre sintiendo como su hijo golpea la puerta exigiendo estar con ella, aunque se siente aliviada que sus padres le ayudan a cuidar al niño y que ya no le reclaman por fumar marihuana, la única forma que encuentra para relajarse.

©Rommy Anabalon Schaaf 2020

Estas experiencias muestran, en primer lugar, cómo el dibujo me ha permitido desarrollar una visión experta, la del etnógrafo/ artista, que me permite observar, recolectar y analizar datos de la vida de mis participantes que enriquecen la observación participante tradicional. El hecho que sean dibujos en capas de carboncillo o grafito me permite además indagar, apreciar y entender las profundidades, las distancias, las proporciones, lo relevante de lo menos importante en la vida de mis participantes. En segundo lugar, el dibujo, más que un elemento accesorio, ilustrativo o decorativo, es una herramienta que ilumina mi proceso de escritura y que me ha permitido observar detalles que quizás serían inaccesibles una vez traducidos en palabras o que pueden pasar inadvertidos tales como la relación que construyen estas profesoras con sus hijos, y que además, se constituyen en un cúmulo de experiencias encarnadas que me permiten contar una historia: una historia sobre la habilidad de estas mujeres, madres, profesoras de inglés, que conviven con la precariedad en distintos niveles, de imaginar un futuro mejor y el rol que cumplen en ello el trabajo, la educación, el afecto y el lenguaje.

Me gustaría terminar este texto con una observación. Taussig (2011) se queja de como la capacidad de dibujar ha sido devaluada en la cultura occidental en relación a la lectura y la escritura, nuestra sociedad privilegia las habilidades verbales y las visuales desaparecen en la educación formal una vez que han cumplido su propósito: que los estudiantes aprendan a leer y escribir. Los libros para niños están llenos de imágenes, pero como aprecia Taussig, éstas desaparecen a medida que los niños crecen, siendo la portada el único espacio donde permanecen, “las historias se convierten en información o peor aún, en datos” (Taussig 2011:50, traducción propia). No deja de ser llamativo que en el campo que denominamos sociolingüística crítica se siga privilegiando la forma escrita para representar el mundo, las historias que queremos contar se terminan convirtiendo inevitablemente en una tesis, en un artículo para una revista indexada o en una entrada de un blog académico. Quizás sea necesario un balance en distintas formas de representación, por ejemplo, el dibujo, que puedan contribuir a la comprensión de los fenómenos que documentamos.

Auteur•e•s

Rommy Anabalon Schaaf

Projet de recherche

The pedagogy of love: A register of precarised female English teachers in Chile

Publié 2021-07-04
Comment citer cet article

Anabalon Schaaf, Rommy, 2021. Más allá de los datos: El arte del retrato como herramienta para la observación, análisis y representación etnográfica. Chroniques du terrain [en ligne]. Disponible à l’adresse URL: https://www.chroniquesduterrain.org/saisir/el-arte-del-retrato

Références
    • Grasseni, Cristina. 2009. Introduction. Grasseni, Cristina (ed) Skilled visions: between apprenticeship and standards.New York, Oxford: Berghahn Books.

    • Khrosravi, Shahram. 2017. Precarious Lives: Waiting and hope in Iran. Philadelphia: University of Philadelphia Press

    • Ruskin, John. 1857. Elements of drawing in three letters to beginners. n.p

    • Taussig, Michael. 2011. I swear I saw this. Drawings in fieldwork notebooks, namely my own. Chicago and London: The University of Chicago Press.

Lectures recommandées
    • Bray, Zoe. 2015. Anthropology with a paintbrush: Naturalist-Realist painting as “thick description”. Visual Anthropology Review 31 (2). 119-133
    • Goodwin, C. 1994. Professional Vision. American Anthropologist 96 (3). 606-633
    • Pentimalli, Barbara y Vanessa Rémery. 2020. La fabrique du regard. Apprentissage et transmission au sein de communautés de practique. Revue d'anthropologie des connaissances 14(3). Recuperado de http://journals.openedition.org/rac/10911